La crisis se desató cuando, por recomendación de un panel de expertos del Transporte Público, el gobierno del presidente Sebastián Piñera decidió subir el precio del pasaje del Metro en 30 pesos, llegando a un máximo de 830 pesos (US$1,17 aproximadamente).
A modo de protesta, estudiantes comenzaron a realizar «evasiones masivas» en el metro, levantando torniquetes para ingresar a los andenes sin pagar.

La situación fue agravándose a partir del viernes cuando la violencia se tomó las calles de la capital chilena, Santiago, con quema de diversas estaciones de metro y buses, saqueo de supermercados y ataques a cientos de instalaciones públicas. El gobierno, entonces, decretó estado de emergencia, lo que significó el despliegue de los militares quienes, además, ordenaron toque de queda.
El presidente Piñera se vio forzado a retractarse y anunció, en la noche del sábado, la suspensión del alza en la tarifa del metro afirmando que había escuchado "con humildad la voz de la gente". A pesar de esto, la situación se siguió alterando más extendiendo el toque de queda a más ciudades del País.
El gobierno chileno confirmó este lunes la muerte de al menos 11 personas durante las protestas.