La firma del Acta de Independencia de Guatemala es parte de la memoria histórica del país. Fue un acontecimiento que marcó el rumbo de una nueva nación. En septiembre de 2019 se cumplen 198 años de ser independizados de España.
Inicialmente la Capitanía General de Guatemala, asignada al Virreinato de la Nueva España, abarcó lo que hoy es Chiapas y Soconusco en México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
En el siglo XVIII ocurrió una serie de cambios administrativos en las colonias con el objetivo de devolver a España antiguos privilegios económicos. Estas se llamaron Reformas Borbónicas y terminaron brindando beneficios económicos a grupos dominantes en la América española.
Con las ideas de la Ilustración, los españoles americanos vieron posibilidades en el territorio americano. La educación era un arma para combatir la pobreza y la reorganización del Estado, una oportunidad para ser parte en el comercio exterior.
La independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa incentivaron también el deseo de independizarse en el territorio centroamericano.
A pesar de todo, los diferentes intereses de los criollos (españoles nacidos en España que residían en el Nuevo Mundo) y peninsulares fueron base para el conflicto que surgiría en el siglo XIX en el tema de emancipación.
A finales de 1811 ocurrieron levantamientos a lo largo del Reino de Guatemala. El gradual y decadente poder de la Corona incentivó a la crisis.
En 1820 se formaron dos partidos políticos por la Constitución española de 1812 que limitó el poder de la monarquía y abolió el feudalismo.
El primer grupo se formaba por los partidarios de la Independencia, principalmente criollos. El segundo grupo mayormente por ricos comerciantes peninsulares que estaban en contra de la independencia.
Después de varios conflictos en América del Sur y el establecimiento del Imperio Mexicano, el 15 de septiembre de 1821 se declaró la independencia en el Reino de Guatemala. El acta de Independencia se firmó en el Real Palacio en la Nueva Guatemala de la Asunción.
Por Sofía Cabrera
